













Desde febrero, la Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo. La colocación de la cruz de la Torre de Jesucristo supuso que el templo alcanzase los 172,5 metros, con lo que superó a la catedral de Ulm, en Alemania. Hoy, el Papa León XIV oficiará una ceremonia en Barcelona que marcará la celebración del Año Gaudí, con motivo del centenario de la muerte del legendario arquitecto.
Está previsto que al acto asistan cerca de 8.000 personas. La mitad de ellas participarán en la misa que se celebrará en el interior del templo y el resto se concentrará alrededor de la iglesia.
En la eucaristía del Papa se espera la presencia de los Reyes, Felipe y Letizia, así como del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, autoridades políticas de todo el mundo y 200 miembros de la curia.
La ceremonia religiosa supondrá la culminación vertical de la iglesia, pero el interior de la Sagrada Familia todavía se encuentra en fase de construcción. Por ejemplo, hasta el 2028 no estarán en activo los tres ascensores que permitirán ascender a la cruz helicoidal que culmina la torre. Hasta entonces, los visitantes sí que podrán visitar un templo que se ha convertido en una meca de la arquitectura. A continuación, describimos los hitos arquitectónicos y artísticos de esa obra.


LAS 18 TORRES
Gaudí decidió que ese era el número de torres que tenía que tener el conjunto monumental de la Sagrada Familia. Están agrupadas en grupos y sus alturas atienden a una jerarquía católica. Las 12 torres de los apóstoles (cuatro por fachada) tienen alturas entre los 98,5 y los 120 metros, siendo las de la fachada de la Gloria las más elevadas. Las únicas que todavía no han sido construidas. En la parte central se elevan hasta los 135 metros las cuatro torres, coronadas con sus respectivas figuras simbólicas, que homenajan a los evangelistas. Las dos restantes son las más importantes, la dedicada a la Virgen María que alcanza 138 metros, rematada con una estrella luminosa, y la de Jesucristo, 172,5 metros que confieren a la Sagrada Familia el título de iglesia más alta del mundo.












LAS FACHADAS
La Sagrada Familia cuenta con tres fachadas con pórticos y una cuarta que no es una fachada como tal, sino la cabecera norte que fue levantada entre 1890 y 1893 y en la que se empieza a ver la transición al estilo de Gaudí. Ya que sus aportaciones a la construcción inicial fueron aumentando progresivamente, tanto en los estructural como en lo ornamental.
Cada una de las fachadas mira a uno de los puntos cardinales, y la temática de cada una de ellas no fue algo que se dejara al azar. La del Nacimiento mira al este (el amanecer, el inicio de todo); la de la Pasión al oeste (el ocaso, el fin, la muerte) y la de la Gloria lo hace al sur (plenitud, máxima luz), hacia el mar Mediterráneo, representando así la apertura del mensaje cristiano al mundo.
1. Fachada del Nacimiento
Fue la única que Gaudí realizó completamente, dejando así un modelo para que sus sucesores continuaran su obra. Está estructurada en tres pórticos, como los miembros de la Sagrada Familia: El de la Esperanza (San José), el de la Caridad (Jesús) y el de la Fe (Virgen María). Es una expresión del gozo de la vida. Toda ella es una exaltación de la creción de Dios. Por ello está cuajada de naturaleza y animales.








2. Fachada de la Pasión
En la Sagrada Familia todo tiene un sentido. Un recorrido cronológico que se inicia en la parte inferior izquierda de la fachada relata la Pasión de Cristo. Un trazado ascendente en forma de S que representa el dolor y la muerte en la cruz hasta la ascensión de Jesús a los cielos. El escultor Josep Subirachs fue el encargado de tallar los doce grupos escultóricos siguiendo un estilo duro de líneas severas para plasmar el dolor y la muerte de Cristo.










3. Fachada de la Gloria
La tercera fachada de la Sagrada Familia, situada en la calle Mallorca, aún está por construir. Se repetirá el mismo esquema que con las del Nacimiento y la Pasión, un gran pórtico y cuatro campanarios con los discípulos restantes: Andrés, Pedro, Pablo y Santiago el Mayor.
Se dividirá en tres grandes portadas: el Infierno (izquierda), Purgatorio (centro) y la Gloria (derecha)
Será la puerta por la que millones de visitantes entrarán a la basílica cada año.






EL INTERIOR
La estructura interior sigue una disposición habitual con cinco naves y un ábside. Pero allí acaba lo convencional. Cuando el visitante atraviesa las puertas se sumerge en un insólito bosque de columnas iridiscentes que reflejan la luz que llega de los enormes ventanales que cubren los muros de las fachadas casi en su totalidad.
Las columnas
Antonio Gaudí fue el creador de la columna arborescente. El fuste se va elevando y a la altura del capitel se divide en ramas a diferentes alturas, lo que permite sostener el peso de la cubierta de manera más eficiente. Con ello se reduce la necesidad de contrafuertes externos o muros de carga.






Las vidrieras
Gracias a las columnas arborescentes que permitieron liberar los muros de carga, Gaudí pudo abrir grandes ventanales a través de las cuales la luz natural entra a raudales. Aunque las vidrieras son posteriores y se empezaron a colocar hace poco más de 25 años, Gaudí sí que dejó directrices de cómo tenían que ser, ya que, al igual que en el resto del monumento, nada es arbitrario.
Siguiendo a Gaudí, las vidrieras de las naves laterales son de color intenso en las zonas bajas y las de los ventanales superiores carecen de colores. Son las diferentes texturas las que provocan distintos efectos en el interior con el paso de la luz.




Este tesoro artístico se ha convertido en una de las joyas de la humanidad. Para entenderlo, quizás hay que recurrir a algunas de las frases que el propio Gaudí pronunció para explicar su obra. «La arquitectura es la ordenación de la luz», afirmó para explicar la experiencia que supone adentrarse en el templo y explorar las formas que se dibujan entre las sombras. Desde el punto de vista de un hombre de fe también utilizó esta expresión en la que se resume de una forma concisa su pensamiento artístico. «La línea recta pertenece al hombre. La curva, a Dios».










